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Una 'tecla de reinicio' para Venezuela también
Las relaciones con Venezuela también podrían beneficiarse de un pulso de la tecla. Aquellos que seguimos la política de Estados Unidos hacia América Latina y leímos el discurso del Vicepresidente Joe Biden en el que ofreció "pulsar la tecla de reinicio" en las relaciones con Moscú, no podemos menos que esperar que la administración ofrezca lo mismo a Caracas.
La Casa Blanca anunció que el discurso de Biden en Alemania durante el pasado fin de semana era una guía de la política exterior de la administración Obama. Así que esperar oír a un alto funcionario del gobierno Obama sugerir que Estados Unidos y Venezuela "pueden disentir y todavía trabajar juntos donde coincidan nuestros intereses", tal vez no sea un disparate.
Desafortunadamente ese no es el mensaje que hemos escuchado hasta ahora. En una entrevista en Univisión días antes de la posesión, Obama pareció caer de nuevo en la retórica antagonista del pasado, al llamar al Presidente venezolano Hugo Chávez "una fuerza destructiva en la región". A lo que Chávez, cayendo también en el viejo patrón, respondió diciendo que con Obama venía "la misma miasma" que con el Presidente Bush, a quien una vez acusó de dejar un olor a sulfuro después de dar un discurso en las Naciones Unidas.
Pero Chávez no se apegó a esa línea dura por mucho tiempo. Sabe que Obama se ha ganado la buena voluntad de América Latina y en la misma reacción inicial buscó excusar al entrante presidente estadounidense asegurando que Obama era más víctima que el líder del diabólico imperio.
También en una columna publicada cinco días después de la posesión, Chávez aprovechó una frase del discurso de Obama para extender su mano si Estados Unidos abría el puño. Hasta entonces adoptaría una actitud de espera. Ese es sin duda un Chávez más prudente.
Pero la moderación del líder venezolano no obedece solamente al atractivo de Obama. De hecho, es probable que la administración Obama encuentre ahora en Chávez un socio mejor dispuesto, obligado a moderarse por las circunstancias en los últimos meses.
El año pasado, el petróleo representó el 95 por ciento de las exportaciones venezolanas y cerca de la mitad de ellas se realizaron a Estados Unidos. Con los precios del petróleo desplomándose y su revolución bolivariana altamente dependiente del bienestar de la economía estadounidense, Chávez tiene un interés claro en que Obama supere con éxito la actual recesión estadounidense.
En política interna, Chávez ha tenido también que bajar el tono. Desde la derrota en 2007 de un referendo que habría eliminado los límites a la reelección y expandido los poderes de Chávez, y particularmente desde la derrota, el pasado noviembre, de los candidatos de su partido en las ciudades más grandes y los estados más poblados y ricos, Chávez enfrenta una oposición más seria y sólida que ya no puede seguir descartando simplemente como golpistas.
Obama enfrenta entonces una serie de circunstancias que debieran ayudar a mejorar las relaciones con Venezuela. O como lo dijo la profesora venezolana Margarita López Maya, actualmente en el Woodrow Wilson Center en Washington, Estados Unidos "tiene la oportunidad perfecta para extender la mano".
Un gesto fácil en esa dirección sería condenar la respuesta estadounidense durante el corto golpe contra Chávez en 2002. La rápida y fácil acogida por parte de la Casa Blanca de la expulsión anti democrática de Chávez por empresarios pro estadounidenses hizo que cualquier promoción posterior de la democracia en Venezuela o a lo largo de América Latina fuera vista, como mínimo, como hipócrita. Tal acercamiento podría dejar a Chávez corto de excusas -- como la amenaza de una invasión estadounidense -- que le han ayudado a conseguir apoyo popular y le han permitido desviar las críticas y distraer al público de las fallas de su gobierno.
Pero más importante aún, restauraría cierta credibilidad estadounidense. Desde esa mejorada posición, la administración Obama podría plantear algunas de las diferencias que debiera discutir con Chávez, tales como la concentración de poder, su erosión de las instituciones democráticas y la noción de Chávez de ser imprescindible.
Solo con relación a ese último punto, menos de 14 meses desde la derrota de 2007, Chávez ha convocado a los venezolanos a que voten de nuevo este fin de semana por un referendo que le permitiría presentarse a reelección indefinidamente. También, en una entrevista el 2 de febrero en CNN en español para conmemorar sus 10 años de gobierno, Chávez afirmó no tener entre sus planes preparar un sucesor.
Si bien Obama podría elogiar la preocupación de Chávez por la difícil situación de los pobres, debería cuestionar la sensatez de no asegurar que lo que ha hecho por ellos sea sostenible después de Chávez. O como sugirió Jennifer McCoy, directora del Programa de las Américas del Centro Carter, al preguntar en un reciente evento sobre Venezuela en esta capital, "¿si la revolución en Venezuela es realmente tan dependiente de una sola persona, entonces cuánto cambio revolucionario se ha logrado en serio?"
Preguntas y críticas que serían mucho más difíciles de ignorar como intervenciones imperialistas si tanto el prestigio de Obama se mantiene alto y Estados Unidos recobra alguna de su credibilidad en la región.
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