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Despejando las nubes políticas sobre el censo de 2010
El Senador republicano Judd Gregg, al referirse a su decisión de retirar su nominación a Secretario de Comercio, calificó solo como "un leve catalizador" las diferencias en torno al censo del decenio del año entrante. Pero la riña política sobre el conteo poblacional de 2010, que determinará el número de escaños en la Cámara por cada estado, la delimitación de distritos políticos dentro de los estados y la asignación de miles de millones en fondos federales, ha sido todo menos leve.
Lo histórico del próximo censo será el gran número de latinos. Desde el último censo en 2000, los latinos se convirtieron en la más grande minoría en Estados Unidos y representan la mitad del crecimiento poblacional estadounidense.
Es una desarrollo apasionante. Pero genera pasiones distintas en distintas personas.
A las organizaciones hispanas les preocupa que exista un interés político en dejar a latinos por fuera del conteo. Por esa razón reaccionaron rápido en contra de la nominación de Gregg, a quien acusaron de haber "luchado contra los esfuerzos del Presidente Clinton de aumentar fondos" que garantizaran el censo más exacto posible en 2000, como lo expresó la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados.
El temor era que, como líder del Departamento de Comercio, que supervisa la Oficina del Censo, Gregg minaría los esfuerzos de alcanzar a las minorías y los pobre -- grupos que expertos afirman tienden a ser dejados por fuera del conteo y a votar por demócratas en vez de republicanos.
En su intento por calmar a los críticos, la Casa Blanca anunció que jugaría un mayor papel en la supervisión del conteo poblacional. Los republicanos respondieron acusando a la administración Obama de intentar minar el censo al politizarlo. Sugirieron además que los grupos latinos presionarían a la Oficina del Censo para que use métodos cuestionables que distorsionarían el conteo.
Al final, no había fundamentos reales para el alboroto. Independientemente del grado de interés en los resultados, no hay mucho que políticos o grupos de interés puedan hacer para "forzar a la Oficina del Censo a publicar números que se aparten de lo contabilizado", según Andrew Reamer, un economista del Instituto Brookings que llamó el reciente debate "una tempestad en un vaso de agua".
Con todo el ruido político, se podría llevar uno la impresión de que el censo de 2000 fue un desastre. Pero en comparación con conteos anteriores, es considerado un gran éxito, entre otras cosas, porque se calculó que menos del 2 por ciento de los negros y de 1 por ciento de hispanos, quedaron sin contar.
Claro que no hay nada que garantice que el conteo de 2010 será igualmente exitoso. Hay preocupación de que la Oficina del Censo no esté bien preparada debido a importantes fallas tecnológicas y otros retrasos. Esta semana, Robert Goldenkoff, director de asuntos estratégico en la Oficina de Control Gubernamental, afirmó en una respuesta por correo electrónico que "el balance es que con solo un poco más de un año antes del día del censo, el estado de preparación general de Oficina del Censo para el conteo de 2010 es incierto".
Una razón central en la incertidumbre es la falta de un director para la Oficina. El hecho de que en 1990 se terminó dejando por fuera a un cinco por ciento de negros e hispanos se atribuye en parte a la falta de un director en 1989.
Afortunadamente hay un amplio respaldo al nombramiento de Ken Prewitt, quien fuera director durante el censo de 2000, y a hacerlo incluso antes de que haya un Secretario de Comercio. Entre más pronto sea nombrado, más pronto se calmarán algunos de los actuales temores en torno a cómo se realizará el conteo.
Pero no todos. Si bien el crecimiento hispano desde 2000 ha sido menos un producto de la inmigración que en el pasado, según el Pew Hispanic Center, hay quienes seguirán preocupados ante el hecho de que la contabilización de hispanos incluirá inmigrantes que viven acá ilegalmente.
No será la primera vez que algunos cuestionen el mandato constitucional de que el censo cuente a todas las personas independientemente de su estatus migratorio. Pero teniendo en cuenta el sentimiento en torno a la inmigración de los últimos años y el hecho de que hoy los demócratas se benefician con un mayor conteo hispano, la amenaza de otra fea batalla política es real.
Los republicanos tienen razón de preocuparse pero el censo no es lugar para resolver el inoperante sistema migratorio de Estados Unidos. Algunos demócratas responden que lo práctico sería empezar a debatir la reforma migratoria ahora. Tal como lo escribió recientemente Simon Rosenberg, presidente de la institución progresista NDN, los políticos no pueden seguir creyendo que el problema de la inmigración desaparecerá por sí solo. "La falta de acción ya no es una opción".
Entre tanto, con el crecimiento hispano desde 2000 repartido por casi 3000 de los 3141 condados del país, defensores de los latinos hacen bien en insistir en que haya un mejor esfuerzo para llegar a todas las comunidades. La preocupación con un conteo incompleto es que deja a sectores de la población con insuficiente representación o servicios financiados con fondos federales.
La esperanza es que el censo de 2010 será incluso más exacto que hace diez años, dejando así menos espacio para disputas posteriores. Como afirmó Reamer, "un conteo exacto es un conteo exacto". Y es algo con lo que debieran poder convivir tanto republicanos como demócratas, tanto latinos como no latinos.