You are hereNuevo frente en la lucha contra el crimen organizado mexicano
Nuevo frente en la lucha contra el crimen organizado mexicano
No ha habido tanto alboroto por México desde que el Presidente Bush recibió al Presidente mexicano Vicente Fox en 2001 con fuegos artificiales sobre la Casa Blanca.
La administración Obama está trabajando fuertemente en una "estrategia integral" hacia el vecino del sur y el Congreso ha convocado a cinco audiencias sobre México en menos de dos semanas con más por venir. La Secretaria de Estado Hillary Clinton tiene programado viajar a Ciudad de México este mes, en su primer viaje a las Américas, seguida por la Secretaria de Seguridad Interior Janet Napolitano y el Fiscal General Eric Holder. El propio Presidente Obama planea ir a mediados de abril.
En esta ocasión la pirotecnia tiene más un carácter de urgencia que de celebración. La atención ha sido provocada por la ola de violencia al sur del Río Bravo, causada especialmente por la lucha interna de narcotraficantes y entre ellos y la policía y militares que intentan contenerlos. La situación, tema frecuente en los noticieros estadounidenses, ha llevado al Gobernador de Texas, Rick Perry, a solicitar el envío de tropas estadounidenses a la frontera.
"La violencia ha sido lo que ha despertado la atención", afirmó Andrew Selee, director del Instituto México del Woodrow Wilson Center, uno de cerca de 12 invitados a una reciente cena privada sobre México convocada por Clinton, la tercera a la que invita para discutir algún tema de política exterior. Selee dijo que la violencia ha hecho a la administración Obama darse cuenta de que "es uno de los temas que es preciso tratar cuanto antes" pero también reconocer que la respuesta "tiene que ser mucho más amplia".
Que Estados Unidos esté siquiera considerando tal ampliación representa ya un gran cambio. Solo hasta hace poco el crimen organizado mexicano se convirtió en una preocupación de política exterior cuando Washington lanzó la Iniciativa Mérida, un paquete de asistencia anti drogas por tres años y $1600 millones de dólares para México y Centroamérica aprobado en junio.
Ahora el tema se está convirtiendo en una preocupación doméstica también. Washington parece dispuesta a asumir más responsabilidad y a hacer más al respecto dentro del territorio estadounidense. "Este es un problema del gobierno en su totalidad y creo que la mejor respuesta es un enfoque integral", afirmó el General Victor Renuart, líder del Comando Norte estadounidense en una audiencia del Senado el 17 de marzo.
Las causas de la violencia mexicana -- las drogas, el dinero y las armas -- requieren no solo de la crucial ayuda para apoyar a las fuerzas de seguridad mexicanas, sino también del tipo de respuesta descrita por Renuart.
Cada año entre $15.000 y $25.000 millones de dólares de la venta de narcóticos en calles estadounidenses logran llegar a manos de los carteles de droga mexicanos. Además el año pasado el 95 por ciento de los asesinatos relacionados con la droga en México incluyeron armas compradas o robadas en Estados Unidos.
Más allá de la reducción de la demanda, expertos sugieren que herramientas desarrolladas para luchar contra terroristas internacionales pudieran utilizarse acá. Los controles contra la financiación terrorista podrían usarse para identificar las ganancias de la droga en el momento en que ingresan al sistema financiero estadounidense como transferencias o adquisiciones de moneda extranjera. También, mecanismos ahora usados para revisar contenedores que zarpan de distintas partes del mundo con destino a puertos estadounidenses, podrían adaptarse para inspeccionar contenedores transportados por camiones que se dirigen al sur.
Una estrategia integral requerirá también una enfoque radicalmente distinto en la frontera, por tanto tiempo vista desde acá sólo como un muro de contención. Como lo dijo Carla Hills, ex representante comercial de Estados Unidos, es hora de que Estados Unidos se de cuenta que "no puede mantener afuera un problema como este, cuando también es parte del problema. Tiene que ser parte de la solución".
Hills y otros proponen la creación de una autoridad fronteriza conjunta para mejorar la coordinación de los esfuerzos estadounidenses y mexicanos. "La situación actual es que yo hago de mi lado lo que yo quiero y tu del tuyo y a lo mejor coincidimos", dijo Andrés Rozental, ex diplomático mexicano. "Eso es una receta para algo disfuncional y conflictivo".
Aun así, Rozental, uno de los más respetados expertos en la relación bilateral, afirmó que intentos previos para mejorar la coordinación a lo largo de la frontera habían terminado atascados. México ha demostrado ser muy reacio a permitir cualquier "injerencia" estadounidense. Y la actitud de Washington hacia México se enfrió tras los ataques terroristas de 2001, afirmó Rozental. Funcionarios de Bush "no tenían ningún interés" en cooperar en la frontera, la que consideraban la última línea de defensa contra el terrorismo.
El actual alboroto y elevado nivel de atención de Washington tal vez no duren o tal vez sean insuficientes para generar la voluntad política necesaria para superar una vieja historia de desconfianza mutua. Pero por ahora hay una sensación palpable de que las relaciones podrían evolucionar hacia una mayor responsabilidad y cooperación compartida, como nunca se ha visto, entre Estados Unidos y un vecino del sur.