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El cambio que necesita América Latina
La señal ha sido enviada: la línea dura estadounidense ha terminado. La decisión de la Administración Obama de permitir viajes y remesas ilimitados a Cuba por parte de cubano americanos a solo cuatro días de la Cumbre de las Américas, no es un cambio radical sino un acto simbólico que deberá animar a la audiencia y, ojalá, permitir a los líderes reunidos en Trinidad y Tobago enfocarse en un asunto aún más urgente -- la crisis financiera convertida en crisis económica global y sus efectos en los pobres.
Las exportaciones desde la región han caído un 25 por ciento desde octubre y la inversión externa se reducirá en más del 50 por ciento este año. El crecimiento económico se pronostica nulo o incluso por debajo de cero. Todo esto precisamente cuando iniciativas de rEWashington es clara. En una entrevista reciente, Thomas Shannon, secretario asistente de estado para asuntos del Hemisferio Occidental, dijo que, al responder a la crisis, los líderes mundiales no pueden "permitir que se convierta en una crisis política o social".
En el pasado, Washington habría enviado un mensaje de austeridad. Durante previas crisis económicas, instituciones de Washington, en particular el Fondo Monetario Internacional, presionaban a los gobiernos a apretarse el cinturón, aumentando el sufrimiento de los pobres. No sorprende que esto haya conducido a disturbios, derrocamientos de gobiernos y la llegada de nuevos líderes populistas que prometían desoír a Washington y adoptar medidas económicas más justas.
Hasta ahora han sido estos líderes populistas como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, los que han tenido "casi un monopolio en la retórica, aunque no la realidad, del 'Crecimiento Justo"', como lo escribió recientemente Nancy Birdsall, presidente del Center for Economic Development. La actual crisis, sin embargo, presenta una oportunidad para que Washington demuestre nuevas prioridades e intente promover una recuperación más justa.
Por ahora esa parece ser la intención de la nueva administración estadounidense, según Jeffrey Davidow, consejero de la Casa Blanca para la Cumbre de las Américas. Obama cree que "los más pobres de los pobres no debieran ser los que pagan una cantidad desproporcionada del costo de la crisis", dijo Davidow en una teleconfencia previa al encuentro. "El desarrollo debe ocurrir de abajo para arriba".
Este es un cambio significativo con respecto al anterior modelo económico que empezaba desde arriba, profesaba una fe ciega en las fuerzas del mercado y estigmatizaba el endeudamiento. Pero ¿qué tipo de políticas aseguran ese desarrollo de abajo para arriba? Y para ir al grano, ¿con qué deben comprometerse los líderes de las Américas en la Cumbre para asegurar que los pobres no queden más rezagados?
Según Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, la respuesta tiene dos partes. En el corto plazo, los gobiernos deberían expandir sus redes de protección social especialmente a través de transferencias monetarias condicionadas que proveen subsidios a familias a cambio de que envíen a los niños a la escuela y a chequeos médicos regulares. En el mediano plazo, los gobiernos deberían aumentar la inversión en educación e infraestructura. El reto, claro, es dónde obtener los recursos.
El Banco Mundial, según Cox, acaba de aprobar $1.500 millones de dólares para el programa de protección social de México y está trabajando con Colombia y Argentina para hacer lo mismo. Pero esos son apenas tres de 32 países en América Latina y el Caribe, y $1.500 millones representan más del 10 por ciento de los $14.000 millones que el Banco tiene para préstamos adicionales a toda la región este año.
Más aún, las transferencias monetarias condicionadas, si bien representan una exitosa innovación latinoamericana, son solo un paliativo y no un substituto del desarrollo. A medida que los gobiernos asumen un mayor papel en la recuperación, la inversión en educación e infraestructura debiera ser complementada con inversión productiva que busca "disciplinar al capital privado" y asegurar que compañías locales sean capaces de competir a medida que la economía mundial se recupera, dijo Kevin Gallagher, economista político de la Universidad de Boston.
Gallagher y otros economistas también argumentan que América Latina necesitará una inversión más agresiva para estimular el desarrollo de abajo a arriba. Los actuales programas de estímulo económico en la región promedian entre un 1 y 2 por ciento del producto interno bruto, una respuesta cautelosa al gasto deficitario por causa de los castigos impuestos en el pasado por las instituciones multilaterales de préstamos y los mercados.
"Con antelación a la cumbre, hemos comenzado a avanzar en una nueva dirección", escribió Obama en una columna publicada a lo largo de las Américas, citando su cambio en la política hacia Cuba. En la Cumbre, Obama tendrá una oportunidad sin paralelo de enviar una mensaje más fuerte e inconfundible de que los tiempos han cambiado y que, bajo las actuales circunstancias, lo responsable es apoyar un gasto en estímulo económico mucho más substancial.