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¿El fin de la ideología en las Américas?
La Quinta Cumbre de las Américas demostró algo que había sido inimaginable hace algunos años que los líderes del hemisferio pueden de hecho simpatizar con el presidente de Estados Unidos. El Presidente Obama fue de nuevo la estrella de una reunión internacional y cada líder de la región celebró su presencia y acogió su mensaje de una nueva era de respeto mutuo.
Pero las viejas costumbre no mueren fácilmente. Desde la ceremonia inaugural, quedó claro que para algunos líderes de la región era difícil superar viejos rencores. La afinidad personal con Obama no se tradujo en un respaldo unánime a la declaración de clausura del encuentro.
La Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, cuyo discurso inauguró el encuentro, orgullosamente recordó que la antigua cumbre realizada en Mar del Plata en 2005, marcó el fin del µrea de Libre Comercio de las Américas promovida por Estados Unidos. Más aún, dijo, representó el fin de la "subordinación" de la región a políticas estadounidenses y al Consenso de Washington.
Luego, el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega subió al podio y pasó casi una hora recontando la contenciosa historia entre su país y Washington. Su diatriba sobre las políticas "terroristas" y "expansionistas" de Estados Unidos estaba impregnada de la indignación que subsiste en la región y dejó a muchos deseando que las Américas pudieran mirar de una vez por todas hacia delante.
Y eso fue precisamente lo que hizo Obama cuando invitó a los demás a que reconocieran que "para seguir adelante, no podemos caer prisioneros de desacuerdos del pasado". El mandatario estadounidense, quien participó como invitado especial de la ceremonia, agregó que "demasiadas veces, una oportunidad de construir una alianza fresca en las Américas ha sido debilitada por debates trasnochados" marcados por la retórica de la Guerra Fría e ideologías anticuadas.
El enfoque de Obama inyectó una bienvenida dosis de realismo en donde anteriormente solo se trataba de escoger entre dos opciones extremas. Los debates entre "economías rígidas, dominadas por el estado o el capitalismo desenfrenado, no regulado", como lo expresó Obama, son anacrónicos y no contribuyen a solucionar los retos de hoy.
Hablé con el Presidente de Costa Rica Oscar Arias acerca de la posibilidad de que la región esté entrando en una nueva era post ideológica. Arias afirmó que mientras a menudo la región parece estancada en "el debate perenne sobre ideologías el ismo que debe prevalecer es el pragmatismo".
Durante una de las discusiones a puerta cerrada en la cumbre, Arias dijo que contó la historia de cómo en 1962, tras viajar al exterior, Deng Xiaoping convenció "a sus camaradas maoístas que había que cambiar de rumbo y que a él no le importaba si el gato era blanco o negro sino que le importaba que cazara ratones". Desde entonces China adoptó un modelo que le ha "permitido ser el país más exitoso en el crecimiento económico de los últimos 35 anos", agregó.
Cualquiera que sea el color del gato en América Latina, lo que le importa a sus líderes es que no sea impuesto por poderes externos. Como afirmó en una entrevista Haroldo Rodas, canciller guatemalteco, el esfuerzo de las potencias mundiales durante la Guerra Fría de imponer sus ideologías "nos dio el conflicto interno armado en Guatemala". Agregó que hoy en días las diferentes ideologías y filosofías en América Latina son hechas en casa y apoyadas democráticamente y por lo mismo deben ser respetadas.
En este contexto no sorprende que Cuba, el único país no presente en la reunión hemisférica, atrajera tanta atención. La relación cubano estadounidense, el último vestigio de la Guerra Fría, representa para muchos en la región un recuerdo de las dañinas políticas estadounidenses del pasado. La promesa de Obama de buscar "un nuevo comienzo" con la isla fue una precondición necesaria para darle mayor crédito a su invitación a avanzar y empezar a mirar hacia el futuro.
Sería estupendo que Ortega o el Presidente de Venezuela Hugo Chávez pudieran poner el pragmatismo por encima de la ideología. Pero siendo, como son, productos del pasado o enamorados de algunos que lo fueron, es claramente más difícil para ellos cambiar que para Obama, quien aun no había nacido durante la invasión de Bahía Cochinos.
Lo que es crucial es que los líderes más razonables de las Américas acepten el reto del presidente estadounidensew de arriesgar un cambio de actitud, abandonar viejos hábitos y, más importante aún, aceptar responsabilidades mucho más exigentes. Arias afirmó que le dijo a los líderes en la cumbre "cada vez que nos reunimos con el hermano rico es solo para pedirle o para reclamarle y la verdad es que es nuestra propia culpa y no podemos culpar a nadie más de que el siglo 21 no sea el siglo de América Latina".
Que América Latina emerja más fuerte de la actual crisis económica y regrese a un crecimiento estable y equitativo, dependerá en gran medida de que sus líderes se preocupen por mejorar la vida de su gente. Eso es, como afirmó Obama, "no un asunto de abstracciones o debates ideológicos".