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Cambia actitud ante comercio en Estados Unidos, hasta cierto punto


Publication Date: 
8 May 2009

En medio de la epidemia de influenza porcina, el Presidente Obama escuchó el consejo de sus oficiales de salud y no cerró la frontera de Estados Unidos con México. "Desde su punto de vista", dijo, "sería equivalente a cerrar las puertas del establo después de que los caballos han salido".

Ante la actual crisis económica, fue un afortunado caso de políticos que respondían a sólidos argumentos científicos y fundamentos económicos. Con el comercio entre los dos países en $367.5 mil millones de dólares el año pasado, el cierre de la frontera por solo un par de semanas pudo hacer fácilmente que el remedio fuera más costoso que la enfermedad.

La Secretaria de Seguridad Interna Janet Napolitano directamente defendió dicho comercio. "También hay que entender los exorbitantes costos asociados con cerrar una frontera -- el número de empleos relacionados con eso, el comercio que va y viene", dijo en televisión nacional. Más allá de las previsibles voces anti inmigrantes que vieron la influenza como la perfecta excusa para cerrar la frontera, no hubo una protesta pública en este país en contra de mantener el comercio activo.

¡Qué diferencia la que una -- o dos -- crisis puede lograr!

Hace apenas un año, en plena campaña presidencial, el libre comercio era indefendible y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o NAFTA, en particular, era blanco favorito de críticas. Ambos Senadores, Hillary Clinton y Barack Obama, indicaron que el NAFTA era malo para Estados Unidos y prometieron renegociarlo o retirarse del tratado.

Cuando la economía mundial empezó su más serio descenso en el otoño, economistas y líderes mundiales recordaron dicha retórica y se preocuparon de que Estados Unidos repitiera el tipo de políticas proteccionistas que ayudaron a llevar a la Gran Depresión. Probablemente no fue coincidencia que en la primera reunión del G-20 en Washington, apenas días después de la elección de Obama, líderes llamaron a todos los países miembros a comprometerse con el comercio abierto.

Desde que asumió el poder, Obama se ha opuesto al proteccionismo. Y tras regresar de la Cumbre de las Américas el mes pasado, el Representante Comercial de Estados Unidos Ron Kirk puso fin a las dudas de que Obama todavía podría querer la renegociación del NAFTA. Le informó a reporteros en una conferencia telefónica que disposiciones ambientales y laborales podrían mejorarse "sin tener que reabrir el acuerdo".

La opinión pública estadounidense también está regresando al centro en cuanto al comercio se refiere. Una encuesta del Pew Research Center encontró recientemente que "a pesar la recesión económica, el apoyo público a los acuerdos de libre comercio se ha recuperado después de haber descendido el año pasado". Otros sondeos recientes han hallado resultados similares. Una encuesta de CBS y el New York Times a comienzos de abril encontró que el 66 por ciento manifestó que "el comercio con otros países, tanto la compra como la venta de productos," es bueno para la economía de Estados Unidos; un 58 por ciento expresó esa opinión en marzo de 2008.

La recesión tal vez haya ayudado a solidificar el consenso en contra del proteccionismo pero no hay que esperar que la administración Obama invierta el tiempo y la energía en nuevos tratados como lo hizo el Presidente Bush durante su mandato. Tal como me lo dijo esta semana Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas, organización pro libre comercio, una cosa es estar a la "defensiva" cuando se trata del comercio, y otra muy distinta estar a la "ofensiva".

"No creo que la administración o incluso el Congreso sea en general proteccionista", dijo Farnsworth. "Pero con todo lo que está ocurriendo, ¿qué presidente va a gastar capital político" para aprobar nuevos acuerdos comerciales?

Si bien los políticos y la opinión pública estadounidenses son hoy tal vez mucho menos proteccionistas que hace un año, la recesión continúa siendo un obstáculo para acuerdos que abren nuevos mercados a productos estadounidenses pero que son exitosamente vendidos por sus opositores como arrasadores de empleos.

Si ese no fuera el caso, el suspendido acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia estaría avanzando algo en el Congreso estadounidense, donde lleva estancado 13 meses. En cambio, la semana pasada funcionarios colombianos se reunieron con funcionarios de comercio de Obama por primera vez y acordaron crear equipos para discutir los temas que están bloqueando su aprobación.

No precisamente la acción urgente que uno esperaría si, en efecto, como intentan argumentar algunos representantes de empresas estadounidenses, el acuerdo creará nuevas oportunidades y ayudará a compensar sus pérdidas en casa. Citigroup, por ejemplo, acaba de anunciar su segundo mejor trimestre en su historia en América Latina, mientras perdió millones en Norte América.

Entre tanto, Caterpillar, el principal proveedor de maquinaria pesada para la industria del carbón en Colombia -- una de las más grandes del mundo -- podría estar pronto en desventaja si el tratado sigue teniendo dificultades.

Canadá, país sede de uno de los principales competidores de Caterpillar, está avanzando con su propio tratado de libre comercio con Colombia. El acuerdo, que empezó a negociarse después del acuerdo entre Estados Unidos y Colombia, podría ser ratificado antes -- a pesar de la recesión.

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