You are hereEs hora de que los gobiernos se suban al barco de los migra-dólares

Es hora de que los gobiernos se suban al barco de los migra-dólares


Publication Date: 
15 May 2009

Si existe un grupo en los Estados Unidos acostumbrado a las privaciones económicas, es la comunidad inmigrante. Después de todo, son los inmigrantes los que abandonan regiones devastadas por la pobreza en buscan de mejores tierras, hacen trabajos que pocos quieren hacer, se reubican cuando es necesario, trabajan más y sacrifican comodidades personales para recortar gastos.

Lo que es aún más sorprendente es que los inmigrantes sean capaces de ahorrar lo suficiente para seguir transfiriendo miles de millones de dólares, incluso en plena recesión, a familiares y amigos en sus países de origen. Estas transferencias de dinero o remesas sobrepasaron, desde hace años, el caudal de ayuda externa oficial. En algunos países, como Haití, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Jamaica y Guatemala, representan más del 10 por ciento del total del producto interno bruto.

Hasta ahora, estos flujos habían sido anti cíclicos, aumentaban en momentos de crisis y así ayudaban a mitigar los efectos de la desaceleración en los más pobres. Ese fue el caso durante la crisis del peso en México a mediado de los 90 y durante el colapso del sistema bancario en República Dominicana en 2003.

En esta ocasión, sin embargo, las remesas están reduciéndose, ya que la recesión empezó en Estados Unidos y ha golpeado duro a sectores con una alta concentración de mano de obra inmigrante. Los expertos coinciden en que en 2009 alrededor de $64 mil millones de dólares llegarán a América Latina y el Caribe, lo que representa una reducción del 7 por ciento en comparación con el año pasado.

Aunque esa reducción es claramente significativa y tendrá efectos negativos en miles de familias pobres de países pobres, es una prueba de la tenacidad de trabajadores migratorios el que estos flujos no estén cayendo más profundamente. En cambio, la inversión externa directa a la región descenderá en un 51 por ciento: de $89 mil millones en 2008 a $43 mil millones este año, según el Banco Mundial. Entre tanto, se teme que las exportaciones de países como México, Honduras y Colombia caigan un 20 por ciento o más.

La drástica caída en inversión y comercio hace que las remesas adquieran un valor agregado más decisivo. Como pronosticó un documento del Banco Mundial en marzo "es casi seguro que en muchos países en desarrollo las remesas se harán aun más importantes como fuente de financiación externa a medida que se secan los flujos privados".

Tristemente, los países en desarrollo continúan ignorando el potencial de las remesas. Ahora que los gobiernos desarrollan paquetes de estímulo en respuesta a la crisis, ninguno ha considerado sacar mejor provecho de los dólares de las remesas, según Manuel Orozco, experto en el tema del centro de estudios Diálogo Interamericano en Washington. Estos momentos claman por ideas innovadoras, y para los países en desarrollo eso debiera significar el incorporar la migración al desarrollo, agregó.

Orozco cita con frecuencia el caso de Guatemala en 2001, cuando los precios del café se desplomaron alrededor del mundo y el gobierno ayudó a rescatar a los productores con un paquete de $200 millones de dólares. Ese mismo año, Guatemala recibió $1500 millones en remesas pero el gobierno no gastó nada para apalancar esos fondos.

De acuerdo con Dilip Ratha, uno de los autores del documento del Banco Mundial, unos pocos gobiernos están considerando aprovechar el interés de los inmigrantes en invertir en sus países de origen emitiendo los llamados bonos diáspora. Estos innovadores instrumentos financieros pueden utilizarse para promover desarrollo que inversionistas privados consideran muy arriesgado o poco rentable.

Si bien este pareciera el momento perfecto para crear dichos bonos -- con las tasas de cambio más favorables y el sistema financiero más estable -- hasta ahora ningún país latinoamericano los ha emitido. Orozco explica que la inversión de los inmigrantes ocurre por lo general a través de canales informales sin que los gobiernos provean ningún incentivo o garantía. Invertir en vivienda, por ejemplo, "es una clara oportunidad para aumentar los flujos al país de origen, al tiempo que se resuelven problemas imperantes de déficit de viviendas", escribió en un nuevo informe sobre la migración y las remesas en una recesión.

Hasta ahora, programas gubernamentales que buscan aprovechar el potencial de las remesas han sido poco ambiciosos. En México, por ejemplo, el mencionado programa de tres por uno -- que agrega un dólar por cada nivel del gobierno, federal, estatal y local, a cada dólar invertido por los inmigrantes -- se limita a las donaciones colectivas enviadas por asociaciones de inmigrantes que quieren mejorar una escuela o un parque en su pueblo natal.

De acuerdo con datos de Orozco, dichas contribuciones a América Latina y el Caribe alcanzaron los $615 millones en 2007, lo que representa un 12 por ciento de lo que invirtieron los inmigrantes en la región ese año y un poco más de un 1 por ciento de lo que enviaron en remesas.

Tanto Orozco como Ratha coinciden en que si los gobiernos ya hubieran estado tomando las remesas más seriamente, los efectos de la actual recesión -- agravados por la carencia de capital externo -- no serían tan severos. Por fortuna, las remesas no han caído tan radicalmente y se espera que se recuperen antes que cualquier otra fuente de financiamiento.

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