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Una tercera opción en la política hacia Cuba


Publication Date: 
29 May 2009

Durante la Cumbre de las Américas en abril, el Presidente Obama dejó claro que cree que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba pueden ir "en una nueva dirección". Para ello, Estados Unidos y el resto del hemisferio deberán dejar atrás "falsos dilemas" entre un total aislamiento a través de un embargo de 47 años o un acercamiento incondicional al régimen dictatorial.

Las relaciones necesitan una tercera opción y la perspectiva de Obama ofrece una alternativa alentadora ante la realidad actual: polarización que fomenta división en el hemisferio y no cambia nada en la isla.

Pero la administración Obama ha mostrado poca urgencia en encontrar una nueva vía. De hecho, el resto del hemisferio se está moviendo sin Washington, mientras su inacción crea una controversia donde no debería existir.

La próxima semana en San Pedro Sula, Honduras, la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos deberá discutir la revocación de la resolución que expulsó a Cuba de la OEA en 1962. Si se aprueba, la OEA podrá empezar la discusión sobre si Cuba debiera ser readmitida en la organización diplomática más antigua de la región. La revocación no significa una readmisión automática de Cuba -- de hecho, Cuba no parece especialmente interesada en reintegrarse a la "podrida" y "desvergonzada institución", como la llamó recientemente Fidel Castro.

Aun así, la simple idea de eliminar la resolución ha desatado en Washington la ira de los mismos de siempre. El Senador Bob Menéndez (D-N.J.), presidente del subcomité del Senado que vigila la ayuda externa, ha amenazado con retirar los fondos de Estados Unidos, o el 60 por ciento del presupuesto de la organización. En respuesta a sus preocupaciones, la Secretaria de Estado Hillary Clinton se distanció de la revocación en una audiencia la semana pasada afirmando que "no puede imaginar cómo Cuba pueda ser parte de la OEA" y que no lo apoyaría.

Pero Obama no solo debiera apoyar la derogación, sino que debió haberla propuesto. La resolución es un anacronismo de la Guerra Fría justificada por las conexiones de Cuba con el "bloque chino-soviético" y "la amenaza de intervención militar en América por parte de la Unión Soviética".

Si bien Menéndez quisiera hacernos creer que el cielo se va a caer (otra vez), el apoyo de Obama confirmaría que no se va a dejar estancar en otro polarizador debate, simplemente porque la OEA está contemplando un cambio casi 20 años después de la disolución soviética.

Ese paso adelante es precisamente el que quiere el Secretario General de la OEA José Miguel Insulza y que viene buscando por más de dos años. Su objetivo no es el regreso inmediato de Cuba a la OEA sino una alteración de políticas que permita a las Naciones Unidas del Hemisferio Occidental empezar a dialogar sobre la mejor forma de acercarse a Cuba.

El Senador Richard Lugar, líder republicano del Comité de Relaciones Externas del Senado, que propone un diálogo directo entre Washington y La Habana, apoyó esa idea la semana pasada al declarar que dichas discusiones amplias y públicas en la OEA ofrecerían una oportunidad histórica de armonizar las posiciones de Estados Unidos y América Latina. "Si bien es demasiado pronto para permitir el retorno total de Cuba a la OEA, eliminar la oposición de Estados Unidos a la discusión ... señalaría una preferencia por las consultas, la acción colectiva y el pragmatismo", escribió Lugar en una carta del 30 de marzo a Obama.

Obstaculizar la abrogación abiertamente o por medio de la inacción sería una muestra de que todo sigue igual. En 1994, el Secretario General de la OEA César Gaviria hizo un llamado a que se acabara el aislamiento a Cuba y retó a la OEA a ser el lugar donde nuevas ideas sobre Cuba podrían compartirse "para que así el futuro fuera debatido en un ambiente imparcial". Funcionarios de la administración Clinton, tomando en cuenta las ramificaciones políticas, sutil pero inequívocamente le cortaron el oxígeno a ese esfuerzo.

Obama no enfrenta las mismas potenciales consecuencias políticas que asustaron a Clinton, ya que le debe mucho menos a los cubano americanos de línea dura que cualquiera de sus predecesores. Esa realidad política ha mantenido virtualmente libres de controversia sus cambios en políticas hacia Cuba: el levantamiento de ciertas restricciones a viajes y remesas, anunciado antes de la Cumbre, y el anuncio de la semana pasada de reanudar conversaciones sobre inmigración con el régimen cubano, las cuales fueron suspendidas en 2003 por el Presidente Bush.

Estas iniciativas también se han beneficiado del hecho de que hay muy poco nuevo o arriesgado en ellas -- simplemente regresan las políticas estadounidenses a donde estaban antes de Bush. De hecho, según Philip Brenner, experto en Cuba de la Escuela de Servicio Internacional de la Universidad American, los esfuerzos de Obama hasta ahora han sido un mero "cumplimiento de promesas de campaña".

Aunque escasamente radical, el apoyo de Obama a la revocación de la resolución de 1962 sería algo nuevo. La reformulación de la política hacia Cuba requerirá mucho más obviamente, pero tiene que empezar en alguna parte.

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