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Insuficiencias del multilateralismo


Publication Date: 
17 July 2009

La delegación hondureña que llegó a esta capital durante el fin de semana para reunirse con funcionarios y congresistas estadounidenses claramente no estaba satisfecha con la respuesta de Estados Unidos a la expulsión del Presidente de Honduras Manuel Zelaya el mes pasado. Insistiendo en que estaban acá para defender la democracia, y no simplemente a Zelaya, sentían que el gobierno de Estados Unidos no ha hecho todo lo que está a su alcance.

"Nunca he sido activista de ningún partido político. Estoy aquí para defender nuestro estado de derecho porque nos ha costado mucho", dijo Jari Dixon, fiscal del Ministerio Público de Honduras que participó el año pasado en una huelga de hambre de 38 días para presionar a favor de una mayor independencia judicial. "Es un golpe contra todos", agregó.

Por lo mismo, la delegación de Dixon cree que Washington debería usar todo su peso para forzar a los líderes del golpe a que se vayan: imponer sanciones comerciales, suspender toda la ayuda bilateral, congelar las reservas internacionales en bancos estadounidenses, retirar su embajador y cancelar visas.

Así que precisamente cuando la administración Obama ha hecho todo lo posible para responder coordinadamente con la comunidad internacional y los países del hemisferio en particular, algunos preferirían una postura más unilateral. Tal es la ironía de mantener la promesa de Obama de una nueva era de cooperación en las Américas.

En el epicentro de su nueva política exterior está la "profunda responsabilidad de ejercer el liderazgo estadounidense en la resolución de problemas en coordinación con otros", afirmó la Secretaria de Estado Hillary Clinton en su reciente discurso ante el Council on Foreign Relations. Clinton agregó que "otros países ven a Estados Unidos como una potencia irresponsable, demasiado rápida en imponer su voluntad a costa de sus intereses y nuestros principios", lo que genera sospechas sobre el liderazgo estadounidense.

Con respecto a la crisis hondureña, la administración Obama está usando una diplomacia de principios y deferente. Esto ha significado que mientras Estados Unidos decidió con rapidez unirse a los otros líderes de las Américas en la condena del golpe y el apoyo a la suspensión de Honduras de la Organización de Estados Americanos, ha mantenido hasta ahora un perfil muy bajo.

Para quienes defienden la democracia hondureña, ese bajo perfil es percibido como inacción. Cada día que pasa sin que su presidente electo esté en el poder es una victoria para el gobierno de facto de Roberto Micheletti, que parece creer que sólo necesita retener la presidencia hasta las elecciones presidenciales de noviembre para tener éxito.

Pero esa manera de medir su triunfo sería extremadamente miope. Sin una resolución que apacigüe a los defensores de Zelaya -- o más ampliamente, a los opositores del golpe -- el potencial de represión y violencia aumenta. Muchos observadores coinciden en que la polarización en Honduras está creciendo. El más reciente sondeo de CID-Gallup, con sede en Costa Rica, halló que un 44 por ciento de los encuestados tenía una opinión desfavorable de Zelaya y un 49 por ciento la tenía de Micheletti.

La política exterior más deferente de Obama también enfrenta retos dentro del mismo Washington. Al asegurar que la expulsión fue legal y legitimar al gobierno de Micheletti recibiendo a sus enviados, miembros republicanos del Congreso han estropeado el supuesto frente unificado contra la expulsión de Zelaya.

Este "esfuerzo concertado" de apoyar el golpe ha sido liderado por la delegación de la Florida en el Congreso, afirmó Lisa Haugaard, directora ejecutiva del Latin America Working Group en Washington. "Es un reflejo del temor al (Presidente venezolano Hugo) Chávez que se manifiesta en formas realmente exageradas", agregó.

Chávez, uno de los aliados políticos de Zelaya, no ha jugado un rol constructivo en la crisis de Honduras. Pero estos miembros del Congreso son igualmente negativos: obcecados por su antipatía hacia Chávez, han aceptado la expatriación forzada de un presidente democráticamente electo y legitimado a aquellos detrás del golpe.

Tal vez la verdadera prueba en América Latina de la nueva era de acercamiento internacional de Obama será sus efectos en Venezuela. Si bien Clinton no se refirió específicamente a Chávez en su discurso de política exterior, sí prometió extender la mano a aquellos que discrepan con Estados Unidos, a pesar de los obstáculos.

Afirmó que el objetivo a largo plazo es crear "una arquitectura global diferente -- una en que los estados tienen incentivos claros para cooperar y cumplir con sus responsabilidades, al igual que fuertes impedimentos para sentarse como simples espectadores o sembrar discordia y divisiones".

Luego reconoció en su discurso que aunque "cultivar estas alianzas toma tiempo y paciencia; también requiere persistencia. Eso no significa postergar los asuntos urgentes". Para aquellos que se preocupan por la democracia en Honduras esto no ha sido evidente de inmediato.

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