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Grito en el cielo por Colombia


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Lo lamentable detrás de la última controversia sobre el rol de Estados Unidos
Publication Date: 
14 August 2009

Una base militar se cierra y, para reemplazarla, se buscan otras. De repente, líderes en Suramérica ponen el grito en el cielo. Los Presidentes de Brasil y Chile, Luiz Inácio Lula da Silva y Michelle Bachelet, están perturbados con la idea. El Presidente venezolano Hugo Chávez advierte sobre una potencial guerra. Y todos los líderes suramericanos llaman a una reunión extraordinaria para exigir explicaciones.

El alboroto se debe al aumento de presencia militar estadounidense en Colombia. El mes pasado Ecuador puso fin a un acuerdo de 10 años con Estados Unidos que le permitía lanzar misiones antidrogas desde el Pacífico ecuatoriano.

Estados Unidos necesitaba tener dónde instalar sus E-3 AWACs y otras aeronaves de vigilancia para continuar operativos antidroga a lo largo del tramo a menudo utilizado por narcotraficantes para enviar cocaína a través de Centroamérica y México al mercado estadounidense. Meses atrás funcionarios estadounidenses iniciaron negociaciones con sus contrapartes colombianos para permitir que soldados y contratistas estadounidenses usen, con ese fin, unas cinco bases aéreas y dos puertos colombianos.

La protesta ha sido tal que el Presidente colombiano µlvaro Uribe tuvo que embarcarse en un tour de Suramérica de tres días por siete países para calmar temores. El Presidente Obama ha asegurado a los críticos que las bases no serán instalaciones estadounidenses y el General James Cartwright, subjefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, ha prometido ser "tan transparentes como sea posible" acerca del acuerdo.

Las reacciones negativas en la región no son nada nuevo. Hace diez años, el Plan Colombia respaldado por Estados Unidos creó una controversia similar. La mayoría de los líderes de la región expresaron su malestar, muchos demandaron mayores explicaciones y Chávez, al comienzo de su mandato, advirtió que el plan podría llevar a un "conflicto de mediana intensidad" en Suramérica.

Las últimas objeciones son desalentadoras en parte debido a que diez años de presencia estadounidense en Colombia han demostrado, sobre todo, la efectividad de la cooperación. La asistencia estadounidense no solo ha mejorado la capacidad colombiana para combatir las drogas ilícitas y los grupos insurgentes violentos sino que ha ayudado a profesionalizar a las fuerzas armadas del país y a mejorar su récord en derechos humanos.

Los temores de un conflicto -- de mediana o cualquier intensidad -- han demostrado ser infundados. El nuevo intento de sembrar miedo luce particularmente ridículo teniendo en cuenta que Estados Unidos estará simplemente realizando el mismo tipo de misiones que hizo por diez años desde Ecuador.

Lo que es aún más descorazonador sobre la reacción es que sugiere que todavía demasiadas personas en la región siguen sin reconocer la naturaleza transnacional del narcotráfico y el crimen organizado. No solo son sus expresiones de consternación trilladas, también lo es su modo de pensar.

En 2000, el entonces Presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso se refirió a la producción y tráfico de drogas en Colombia como un "problema interno" que no debiera requerir interferencia externa. Tras la reciente visita de Uribe a Brasilia, funcionarios brasileños se mostraron igualmente incrédulos sobre el impacto internacional del reto de las drogas ilícitas y no ofrecieron cooperar.

Afortunadamente esa mentalidad no es generalizada.
Poco después de declarar la guerra contra los carteles mexicanos de la droga, el Presidente mexicano Felipe Calderón se acercó a Colombia para profundizar la cooperación, compartir información y aprender de sus experiencias. En su última visita a Bogotá el 13 de agosto, Calderón enfatizó que la lucha contra el crimen organizado debiera ser una "responsabilidad compartida" a lo largo del hemisferio.

En la región andina, Perú también ha estado profundizando la cooperación antidrogas con Colombia. Hoy, a lo largo de su frontera compartida, hay oficiales militares que residen en las bases del otro país. Del Presidente peruano Alan García Uribe recibió el más enfático apoyo durante su gira relámpago por Suramérica.

El tipo de cooperación que viene desarrollándose entre Perú, México y Colombia debiera generar confianza y despejar las sospechas que tan fácilmente emanaron de otros países en los últimos días.

No sorprende entonces que la embajadora colombiana Carolina Barco estuviera ansiosa por destacar, en una entrevista reciente, que la cooperación sur-sur contra el crimen organizado y el narcotráfico se esta profundizando. "Nuestro hemisferio va evolucionando hacia allá", dijo y agregó que el espíritu de cooperación promovido por Obama en la región debiera "dar una mayor fuerza a este tipo de trabajo".

Por su parte, Obama ha lucido frustrado por la aparente "hipocresía" de líderes en la región que insisten en señalar a Estados Unidos.

En respuesta a críticas de que Washington no ha actuado con suficiente fuerza en contra de los líderes del golpe en Honduras, Obama lamentó que "los mismos críticos que dicen que Estados Unidos no ha intervenido lo suficiente en Honduras son las mismas personas que aseguran que estamos siempre interviniendo, y que los yanquis necesitan salir de América Latina".

Si líderes regionales quieren mantener a Washington a la distancia, es hora de que empiecen a hacer más por si mismos.

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