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Lo trascendente de una expresión musical
En el umbral del siglo 19 Ludwig van Beethoven componía una obra que pretendía dedicar a Napoleón Bonaparte, héroe de la Revolución Francesa. Pero cuando se enteró de que Napoleón se había hecho coronar emperador, borró con furia el título "Sinfonía Bonaparte" y pronto lo reemplazó por el de "Sinfonia Eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo" -- Sinfonía Heroica, compuesta para festejar la memoria de un gran hombre. Para Beethoven, Napoleón había muerto.
La Tercera Sinfonía de Beethoven obviamente no derrocó a Napoleón. Pero se recuerda porque revolucionó el concepto de la música sinfónica y marcó el comienzo de la era del Romanticismo musical. A través de los años ha conmovido e inspirado a millones con su profundidad, originalidad y belleza.
También ilustra cómo el arte trasciende la política. Y por ello es bueno recordarlo a propósito de la actual polémica que rodea a la estrella colombiana de pop Juan Esteban Aristizábal -- mejor conocido como Juanes.
El ganador de 17 premios Grammy latinos ha convertido los temas sociales en eje de su carrera. Sus canciones han ayudado a elevar la conciencia global sobre el conflicto interno colombiano y en particular sobre la plaga de las minas antipersonales. El año pasado, dio un concierto en la frontera entre Colombia y Venezuela para promover entendimiento y solidaridad entre dos pueblos afectados por la discordia entre sus actuales líderes.
Pero desde el momento en que se conoció su plan de encabezar un concierto multitudinario en La Habana, Juanes ha sido criticado y ha recibido incluso una amenaza de muerte. A los exiliados cubanos de línea dura les indigna que Juanes haya decidido actuar en Cuba, y mas aún en la Plaza de la Revolución, donde el Partido Comunista realiza sus mítines.
El concierto, afirman sus críticos, da legitimidad al régimen comunista de 50 años y su tema de "paz" es una distracción. Lo que realmente se necesita en Cuba es un "concierto por la democracia y por las libertades civiles individuales, por la liberación de los presos políticos, por las elecciones libres y por la expulsión de los dictadores del poder", según la escritora cubana Zoe Valdés.
La controversia se ha esparcido por toda la prensa de habla hispana. Activistas han llamado a quemar CDs de Juanes en las calles de Miami e incluso se ha encomendado una encuesta en el Sur de la Florida para medir qué piensan los cubano americanos del concierto.
Al mismo tiempo. muchos prominente artistas, políticos y activistas han emitido declaraciones apoyando a Juanes. La última vino de disidentes presos en la isla que lo consideraron "una gran oportunidad" para la reconciliación entre todos los cubanos.
Aldo Cívico, director del Centro para la Resolución Internacional de Conflictos de la Universidad Columbia y consejero de Juanes, cree que el cantante quiere enviar precisamente el mensaje inequívoco "de que además de nuestras diferencias políticas, somos un mismo pueblo".
Más allá de la importancia que críticos y partidarios le conceden, más allá de la forma en que lo relacionan con sus más elevadas aspiraciones o sus temores más profundos, lo cierto es que se trata de un concierto. Lo que puede tener un interés político real son los cambios en Washington que lo han hecho posible.
A pesar de que Juanes es colombiano, otros artistas y el personal de producción son ciudadanos estadounidenses y requieren permiso especial de su gobierno para viajar a la isla. Durante la Administración Bush habría sido prácticamente imposible lograrlo.
La administración Obama, sin embargo, ha dejado claro que respalda estas conexiones entre personas. Hasta el mes pasado, el Departamento del Tesoro había aprobado este año, según reportes de prensa, tantas licencias para presentaciones públicas como el año pasado y más cubanos han recibido permiso de venir a Estados Unidos. La Secretaria de Estado Hillary Clinton le ha dado el visto bueno al concierto e incluso en una cena con Juanes, según Cívico, dijo seguramente más en broma que en serio que desearía poder contar con él cada vez que haya disputas fronterizas por resolver.
Louis Head, que ha trabajado por décadas en promocionar la cultura cubana en Estados Unidos, cree que el concierto de Juanes es solo el comienzo. En una entrevista desde Albuquerque. Head, con la organización sin ánimo de lucro U.S.-Cuba Cultural Exchange, afirmó que "ven con esperanza la dirección en que se está moviendo la administración Obama".
Si bien el concierto llevará un mensaje político, Juanes no es ningún político y pretender más de él es no entender lo trascendente. Al fin y al cabo su contribución, como lo fue en el concierto entre Colombia y Venezuela, será hacer sentir bien a la gente.
Eso es exactamente lo que Zarin Metah, presidente de la Filarmónica de Nueva York, aspira lograr cuando la principal orquesta sinfónica estadounidense vaya a Cuba a fines de octubre. "Solo queremos ir y tocar música y dejar a otros que se preocupen por la política," dijo. "Ese es su problema".
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