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Latinoamérica en la post crisis, un estrecho camino por delante
Si pudiera, América Latina se aplaudiría a si misma. Analistas de instituciones públicas y privadas, expertos en política y en economía, todos coinciden: una combinación inusual de reformas pro-mercado e intervenciones gubernamentales adoptadas a mediados de los 90, le permitieron a la región resistir la peor recesión económica global en 80 años. No está mal para una región que se conocía como la más volátil del mundo económica y financieramente.
Este año se espera que el producto interno bruto promedio para América Latina y el Caribe caiga a menos 2.5 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional. Esta es una caída moderada con relación a la de países industrializados, en gran parte producida por la contracción mexicana de más del 7 por ciento. El próximo año, con Perú y Brasil a la cabeza de la recuperación, se estima que el PIB alcance el 3 por ciento -- más de un punto porcentual por encima de los países ricos.
Pero incluso si América Latina regresa rápidamente a sus niveles récord de crecimiento de años recientes, la prosperidad no está a la vuelta de la esquina. Dicho crecimiento fue elevado en términos latinoamericanos, pero el ingreso per cápita no ha crecido significativamente. De hecho, los latinoamericanos son más pobres ahora que hace 30 años, en comparación con otras regiones del mundo.
Con excepción de Chile y Brasil, los ingresos de América Latina en 2005 estaban rezagados no solo ante las economías más avanzadas, sino también ante las economías emergentes con niveles de desarrollo social similar, según el último libro del Center for Global Development de Washington, "Los desafíos del crecimiento para América Latina".
En 1975, por ejemplo, países como Argentina, México y Venezuela, tenían ingresos per cápita muy por encima del promedio con relación a países con desarrollo social parecido. Para 2005, México había caído a casi el promedio y Argentina y Venezuela a muy por debajo del mismo.
"América Latina no va a ningún lado si no crece mucho", afirmó la principal autora del libro, Liliana Rojas-Suarez, en una entrevista. "Una torta chica por más que la dividas en un montón de pedazos sigue siendo chica", agregó.
En la post crisis, el comercio es una de las mejores opciones -- si no la única -- para que la torta crezca más rápido en América Latina. Pero incluso si la demanda en materias primas como petróleo, soya o cobre, se reestablece a niveles previos a la crisis, el comercio no proveerá crecimiento fuerte debido a que la región no es suficientemente competitiva.
Parte del problema es la educación. A pesar de niveles récord de inversión, los estudiantes de la región continúan calificando por debajo del promedio mundial. Esto se traduce en una fuerza laboral menos productiva y exportaciones menos diversas.
También la infraestructura de la región es deficiente, lo que agrega cargas al comercio con costos elevados y retrasos. Según un cálculo del Banco Interamericano de Desarrollo, si los puertos y aeropuertos de la región fueran tan eficientes como los de Estados Unidos y si hubiera mayor competencia entre los servicios de carga, los costos del transporte podrían ser un 30 por ciento menor. Aun así, la inversión en infraestructura en América Latina es en promedio un 2 por ciento del PIB y en China es 9 por ciento, según -- Antoni Estevadeordal, gerente del sector de integración y comercio del BID.
Además, esfuerzos gubernamentales para mejorar la competitividad -- para no mencionar la firma de nuevos tratados comerciales -- requieren una voluntad política considerable que pocos en la región puede reunir en este momento.
El mes pasado el Presidente de México Felipe Calderón invitó al Congreso mexicano a que aprobara cambios radicales en varios sectores incluidos educación, servicios públicos y laboral. Pero pocos pronostican que Calderón tendrá mayor apoyo político para cualquier de esos cambios, a pesar de que México necesita urgentemente ser más competitivo y diversificar su economía. Ochenta por ciento de sus exportaciones se venden a Estados Unidos, lo que explica por qué es el país más afectado por la recesión global en América Latina. Pero como lo dijo recientemente el embajador mexicano Arturo Sarukhán, "con la excepción de a los bebés, a nadie le gusta el cambio".
Efectivamente, como enfatiza Rojas-Suarez en su libro, América Latina está reacia a las reformas en este momento, como resultado de una "combinación única de ser la más democrática pero también la más desigual" región del mundo.
Con pobre crecimiento del ingreso per cápita y una percepción generalizada de que el crecimiento se ha repartido de modo disparejo, el descontento con las reformas económicas es alto. Eso hace que las condiciones políticas dificulten mucho más cualquier nueva reforma y dejan a muchos países en un estado de parálisis.
Para ser justos, la parálisis no afecta solamente a América Latina. Teniendo en cuenta que la ronda de Doha de comercio global lleve estancada 14 meses y que el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia lleva casi 16 meses atascado en el Congreso estadounidense, las posibilidades de una mayor integración no parecen muy buenas.
Pero los expertos ahora señalan a Asia como la nueva frontera del comercio latinoamericano. Si ese el caso, a América Latina le espera un largo camino antes de poder disfrutar plenamente esa oportunidad. Para líderes regionales el primer reto será convencer a los ciudadanos de que una nueva ronda de reformas es mejor que ninguna reforma.
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