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Inmigración y la nueva matemática política


Publication Date: 
18 December 2009

¿Cansado de los temas contenciosos y polémicos que enfrentan a los estadounidenses de estados rojos contra los de estados azules, haciéndolos incapaces de encontrar puntos de acuerdo? Pues tome un respiro. ¡Es hora de la reforma migratoria integral, bipartidista y forjadora de consensos!

Es en serio. No hay de qué preocuparse. Si el debate empieza ahora no significará el Apocalipsis, a pesar de la pasión de unos pocos y ruidosos que han sido muy efectivos en satanizar a los inmigrantes y distraer al país de la realidad.

Considere el hecho de que la mayoría de demócratas y republicanos quieren que el sistema de inmigración funcione -- y no simplemente siguiendo la fórmula de "deportarlos a todos" --. Una encuesta de Beneson Strategy Group este año encontró que tres de cada cuatro encuestados quieren que el Congreso actúe sobre el tema. La misma encuesta encontró que el 68 por ciento quiere un camino hacia la ciudadanía para quienes viven acá ilegalmente. El Pew Research Center observó un consenso similar en marzo y abril, cuando un 63 por ciento de encuestados dijeron apoyar dicha naturalización.

Recuerde también que la reforma migratoria integral no es nueva; ha sido debatida en años recientes y muchos de los desacuerdos ya han sido superados. En 2006, de hecho, un proyecto de reforma integral pasó con facilidad en el Senado con 38 demócratas, 22 republicanos y 1 independiente votando a favor.

El Presidente Obama y líderes republicanos clave también la quieren. O por lo menos eso dijeron este verano cuando se reunieron en la Casa Blanca, donde Obama públicamente reconoció el liderazgo de los Senadores John McCain y Lindsey Graham por su disposición para ver más allá de la "política a corto plazo".

En otras palabras, el público la quiere, al igual que los políticos e incluso grupos de interés tan diversos como sindicatos, cámaras de comercio y comunidades religiosas. De repente ya no parece tan escandaloso afirmar que este es el "momento apropiado" para la reforma, como lo dijo recientemente la Secretaria de Trabajo Hilda Solis. O concluir, como lo hizo Simon Rosenberg, del instituto de pensamiento progresista NDN, que la reforma integral de inmigración recibirá "más apoyo bipartidista que cualquier otra legislación bajo consideración en este momento".

Ah, sí, el optimismo es bueno -- dirán algunos -- pero es obvio que la economía lo eclipsa todo. Con el desempleo alrededor del 10 por ciento, ¿no es precisamente el momento equivocado para hablar de acoger a trabajadores extranjeros en la fuerza laboral estadounidense?

Es un punto válido y es la razón por la cual algunos sindicatos han obstaculizado reformas migratorias en forma consistente. En el pasado, AFL-CIO, la federación laboral estadounidense más grande, criticó duramente el plan de trabajadores temporales para futuros flujos migratorios, lo que contuvo a muchos demócratas que pudieron haber apoyado dicha propuesta.

Hoy, sin embargo, AFL-CIO respalda el primer proyecto de reforma en esta sesión del Congreso -- la Reforma Migratoria Integral de 2009 para la Seguridad y Prosperidad de Estados Unidos -- presentada por el Representante demócrata de Illinois Luis Gutiérrez. A la federación le gusta el proyecto ya que en vez de expandir programas de trabajadores temporales propone determinar futuros flujos de inmigrantes con base en fallos emitidos por una comisión independiente.

Ahora bien, no hay duda de que la reforma integral generara oposición, acaso no amplia pero si intensa. Algunos en Estados Unidos continúan creyendo que los inmigrantes les están quitando su país. Al combinar eso con el creciente escepticismo de los últimos meses en torno a la capacidad del gobierno federal de tratar temas cruciales, es seguro predecir que el debate se pondrá desagradable.

El proyecto de Gutiérrez también genera interrogantes acerca de potenciales fisuras dentro del Partido Demócrata. Al explicar sus razones para presentar la legislación ahora, Gutiérrez expresó desilusión con la Casa Blanca. "Hemos esperado a que lo empiece a considerar el Congreso y nuestro Presidente," escribió Gutiérrez en Huffington Post el 14 de diciembre. "Y el momento de esperar se acabó".

No hace mucho tiempo que Rahm Emanuel, el jefe de gabinete de Obama y antiguo congresista, estuvo directamente conectado con esfuerzos de retrasar la reforma migratoria integral en la Cámara. Emanuel lo hizo para proteger a demócratas vulnerables en distritos conservadores.

Pero algunos expertos en inmigración, como Frank Sharry, director ejecutivo de America's Voice, un grupo pro inmigrante con inclinaciones demócratas, están convencidos de que los cálculos políticos han cambiado desde entonces y que las ideas de Emanuel han evolucionado con ellos. Emanuel afirmó en una ocasión que un presidente demócrata tendría que esperar hasta su segundo mandato para considerar el tema de inmigración. Pero Sharry indicó que la reelección de Obama dependerá "en forma muy significativa de que los votantes latinos acudan a las urnas en 2010".

Los cálculos políticos seguramente también han cambiado para los republicanos. En un análisis de las 22 contiendas más reñidas por escaños al Congreso de 2008, America's Voice halló que los candidatos triunfadores en 20 de ellas abogaron por políticas migratorias que iban más allá de medidas de mano dura.

Si los republicanos, al igual que muchos observadores, creen que su partido se resintió por el tono virulento anti inmigrante del pasado reciente, muchos tal vez consideren poco sensato oponerse a la reforma migratoria integral en esta ocasión.

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