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Más allá del cuello de botella en Haití
A pocos días del peor desastre natural que este hemisferio ha presenciado en la historia reciente, mucha de la atención y las críticas se han concentrado en lo más visible: el cuello de botella logístico que es el aeropuerto de Puerto Príncipe. Con una sola pista que recibía treinta vuelos diarios normalmente y la torre de control destruida, este terminal se esfuerza para acomodar cerca de 200 envíos aéreos cada día tras la tragedia. La asistencia internacional parece haber superado la capacidad haitiana de recibirla.
A medida que se soluciona el embotellamiento se corre el riesgo de una falsa sensación de alivio. Por muy grande que sea el flujo de asistencia internacional, esta ayuda palidece ante "la necesidad incomparablemente superior" que se afronta, como escribió el médico y antropólogo estadounidense Paul Farmer en una columna del diario The Miami Herald en días posteriores al terremoto que azotó la isla.
Farmer sabe de qué habla. Fundador de Partners in Health y enviado especial adjunto de las Naciones Unidas para Haití, el también profesor de Harvard University ha dedicado su vida a ayudar y entender al pueblo haitiano.
Farmer enumera en su columna los múltiples obstáculos que enfrentan los equipos de socorro. Días más tarde y con nuevos reportes en la mano, la profunda discrepancia entre la oferta y la demanda de ayuda se puede vislumbrar con cifras. Y de esta manera, se puede empezar a tener indicios de lo que en realidad tomará encontrar a los desaparecidos, tratar a los heridos y alimentar a los hambrientos.
Hasta las dos de la mañana del miércoles 20 de enero, un total de 43 equipos de búsqueda y rescate con más de 1.700 integrantes había encontrado 122 personas entre los escombros, según la Agencia de Ayuda Internacional de Estados Unidos. Cada caso pareciera un milagro, pero todavía decenas de miles permanecen desaparecidos.
Sólo existen cifras aproximadas de la atención médica. Entre el 17 y 20 de enero, el personal médico estadounidense que trabaja en el área atendió, en promedio, 1.700 personas por día. Médicos Sin Fronteras afirma que sus doctores realizan 130 cirugías cada jornada. Hay otro puñado de hospitales de campaña instalados en la zona por países como Brasil, Colombia e Israel- que pueden atender cantidades similares de personas.
La organización Partners in Health de Farmer, que ha proporcionado cuidados de salud en Haití por más de dos décadas, emitió un llamado urgente para solicitar una asistencia médica de mayor envergadura. El director médico de la organización estima que cada día mueren unos 20.000 individuos por gangrena y otras infecciones, que podrían salvarse de tener acceso a cirugía. En total, la Comisión de la Unión Europea estima que el terremoto dejó un saldo de 250.000 heridos.
El Programa Mundial de Alimentos distribuyó 250.000 raciones de alimentos preparados después del terremoto y hasta el lunes 18 de enero, lo cual cubrió apenas una fracción de los tres millones de haitianos que se teme estén sin sustento. Debido a la amplia incapacidad de las víctimas para cocinar, el PAM necesita distribuir 100 millones de comidas listas para el consumo en los próximos 30 días. Hasta el martes 19 de enero, sólo contaban con la promesa de 16 millones.
Desde el nefasto 12 de enero, millones de donantes privados de todo el mundo han respondido. Según la publicación The Chronicle of Philanthropy, las 22 entidades de beneficencia más grandes de Estados Unidos recolectaron más de 150 millones de dólares en los primeros cuatro días después del desastre. Este monto es mucho más que los 108 millones de dólares recibidos en los primeros cuatro días después del huracán Katrina en 2005 y de los 30 millones recolectados en las 72 horas posteriores al maremoto de Asia en 2004.
Gobiernos alrededor del mundo han prometido donar casi mil millones de dólares en ayuda a Haití, de acuerdo con cifras difundidas por Associated Press. No obstante, el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, calcula que para reconstruir a Haití se requerirá de un fondo de diez mil millones de dólares para un período de cinco años.
Un desastre sin precedentes como éste fue necesario para que el mundo enfocara su atención en el país más pobre y abandonado de este lado del planeta. Aunque el despliegue de ayuda ha sido también histórico, la triste realidad es que estas contribuciones se han quedado cortas.
En su libro Mountains Beyond Mountains (2003), Tracy Kidder escribe sobre la dedicación de Farmer hacia los haitianos. El autor -galardonado con el premio Pulitzer en 1982- destaca que los haitianos mantienen una fe inquebrantable a pesar de su sufrimiento. Eso lleva a Kidder a preguntar lo que muchos han cuestionado en los últimos días: "¿Cómo puede un Dios justo permitir tanta miseria?".
Ante esta interrogante, "los campesinos haitianos respondieron con un proverbio: 'Bondye konn bay, men li pa konn separe"' (Dios da pero no reparte). Eso significa, según le explica Farmer a Kidder: "Dios nos da a los humanos todo lo que necesitamos para prosperar, pero él no asume el encargo de repartir el botín. Esa responsabilidad la puso sobre nuestros hombros".
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