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La meta comercial de Obama


Publication Date: 
19 February 2010

El presidente Barack Obama dice que quiere duplicar las exportaciones estadounidenses en un lapso de cinco años como parte de su plan para generar empleo. Esta es una meta admirable y ambiciosa que, desafortunadamente, no convence a muchos expertos en la materia.

La última vez que Estados Unidos duplicó su intercambio comercial tomó tres veces más del tiempo propuesto por el mandatario. De 1994 a 2009, el valor de las exportaciones de bienes y servicios estadounidenses aumentó 97 por ciento, según datos del Departamento de Comercio.

Esos quince años vieron nacer y crecer al bloque comercial más grande del mundo: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). En 1993, Canadá, Estados Unidos y México ratificaron el NAFTA, un acuerdo que terminaría triplicando el volumen de intercambio de bienes y servicios entre las tres naciones.

Hoy en día no hay señal de un proyecto de magnitud similar. En noviembre pasado, la Administración de Obama anunció que se uniría a las negociaciones para crear un nuevo bloque de intercambio llamado Acuerdo Transpacífico. Estados Unidos ya tiene tratados de libre comercio con cuatro de las naciones negociadoras: Australia, Chile, Perú y Singapur. Las restantes tres Brunei, Vietnam y Nueva Zelanda tienen un producto interno bruto que al sumarse es igual al del estado de Georgia.

De hecho, la Iniciativa Nacional de Exportación sugerida por Obama difiere en poco de las estrategias utilizadas en los últimos quince años. El plan a tres partes búsqueda de más acuerdos comerciales abiertos y justos, presión a socios para que cumplan con sus obligaciones comerciales, así como promoción y financiamiento de exportaciones de empresas pequeñas y medianas no propone algo que no se haya intentado anteriormente.

Existe aún la posibilidad de un plan innovador por develarse. Sin embargo, aunque fuera así, ¿los demócratas del Congreso, que son el principal obstáculo para los acuerdos de libre comercio pendientes, lo apoyarían?

Cuando Obama anunció su plan durante el discurso sobre el Estado de la Unión ofreció "fortalecer nuestras relaciones comerciales ... con aliados claves como Corea del Sur, Panamá y Colombia". Pero se abstuvo de hacer un llamado al Congreso para la aprobación inmediata de los convenios comerciales ya firmados con esas tres naciones. Para aquellos que han seguido los penosos e infructíferos procesos de ratificación, las promesas comerciales del mandatario estadounidense parecieran en vano.

En medio de una recesión y con la tasa de desempleo más alta en los último 27 años, no hay duda que en Estados Unidos la opinión pública en contra del comercio con otras naciones es muy alta. Según Gallup, de 1994 a 2003, más estadounidenses lo percibían como una oportunidad en vez de una amenaza. El año pasado, 52 por ciento de los encuestados tenían una visión negativa del comercio.

Con tantos otros temas contenciosos sobre la mesa y difíciles elecciones legislativas en noviembre, es claro que la Casa Blanca no está interesada en agitar la discusión sobre este tema muy pronto. Teniendo en cuenta la oposición de los sindicatos, pocos esperan avances en los acuerdos comerciales pendientes antes de la elección este otoño.

No obstante, al abogar por el comercio, Obama pareciera tomar prestada una página del guión del ex presidente Bill Clinton. Cuando Clinton tomó el liderazgo a nombre del NAFTA, se adueñó del tema que era propiedad de los republicanos y construyó el apoyo bipartidista hacia el libre comercio que previamente representaba un lastre político para los demócratas.

Desde que dio su discurso al Congreso el pasado 27 de enero, el mandatario norteamericano ha estado extendiendo la mano a los republicanos y recordándoles que sus tácticas obstruccionistas han hecho que su propia agenda sea mucho más difícil de alcanzar. Durante un reciente encuentro de republicanos de la Cámara, Obama afirmó que los estadounidenses "nos mandan a Washington a trabajar juntos, a obtener resultados".

Podría argüirse que el Presidente enfrenta un ambiente político mucho más polarizado que el que enfrentó Clinton. Eso pondrá a mayor prueba su compromiso con el libre comercio. Para lograr el NAFTA, Clinton arriesgó distanciarse de los sindicatos y retó a los demócratas a transigir.

Económicamente, la posibilidad de alcanzar la meta de duplicar las exportaciones tendrá mucho que ver con la recuperación global tras esta recesión. "Será mucho más fácil si nuestro país crece cuatro por ciento y China nueve o diez por ciento" anual, dijo Jake Colvin, del National Foreign Trade Council.

Aunque no haya una segunda recesión o una década perdida, como han pronosticado algunos economistas, el comercio seguirá siendo sólo una fracción de la economía estadounidense. El año pasado, las exportaciones representaron 11 por ciento del total de la producción nacional. Si se duplicaran, su impacto en la generación de empleo tendrá que ser solo parte de un esfuerzo mayor.

Quizás, algunos se deleiten en juzgar si la meta comercial de Obama es poco realista o insuficiente. Pero debieran admitir que representa un avance importante que el Presidente estadounidense haya reconocido que su gobierno no puede dar más largas al tema comercial. Al atarlo a una agenda más amplia de generación de empleos, tal vez más políticos consideren difícil interponerse en el camino.

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