You are hereObama y latinos tras la reforma de salud

Obama y latinos tras la reforma de salud


Publication Date: 
2 April 2010

Suficientes razones hay para pensar que el electorado hispano tiene mucho por qué estar complacido con el desempeño del presidente Obama en su primer año de gobierno.

El tema de la salud es el mejor ejemplo para ilustrarlo. Antes de la reforma, uno de cada tres latinos no tenía seguro. Gracias a la histórica nueva ley, algunos de ellos se beneficiarán a partir de fines de junio cuando muchas personas con condiciones preexistentes, que no están asegurados o con insuficientes recursos para pagar, contarán con nuevas opciones de seguro. También, pequeñas empresas con menos de 25 trabajadores pronto podrán solicitar una reducción en sus impuestos, si ayudan a sus empleados a pagar la cobertura sanitaria.

En el campo de la educación también se están abriendo oportunidades: una nueva ley permitirá a hispanos de escasos recursos asistir a la universidad. Además, instituciones que educan esta población, al igual que aquellas que históricamente han servido a negros y indígenas estadounidenses, recibirán 2.550 millones de dólares en asistencia directa.

Esto es encomiable, sobre todo si tenemos en cuenta que la salud y la educación tienden a figurar entre las principales preocupaciones de los hispanos. Pero, en un tema crítico como es la inmigración, la Administración Obama no ha hecho cosa alguna para impresionar a los hispanos.

Hasta hace poco, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emanuel, parecía incluso estar evitando el tema. Cuando le preguntaron acerca de la inmigración y otras prioridades del Gobierno en una entrevista el 25 de marzo, Emanuel mencionó todo reforma financiera, energía, financiación de campañas, Irak y Afganistán menos inmigración.

Se puede asegurar que no fue un descuido. Emanuel sabe perfectamente que Obama prometió abordar la reforma migratoria integral en su primer año de gobierno. Peor todavía, el trato que la Administración le ha dado a las actuales leyes migratorias ha sido menos que plausible.

Por algún tiempo, la Casa Blanca ha estado diciendo que cambiaría las prioridades de aplicación de la ley gubernamental y se enfocaría en deportar a inmigrantes ilegales considerados peligrosos o con un récord criminal violento. Aunque este cambio fue inicialmente alabado, no pareció durar mucho. El 27 de marzo, The Washington Post informó que las autoridades migratorias establecieron cuotas mínimas de deportación, lo que motiva a agentes federales a expulsar del país a trabajadores indocumentados sin ningún historial criminal.

A juicio de María Rodríguez, directora ejecutiva de la Coalición Inmigrante de la Florida, esto es semejante a encarcelar a "niñeras y jardineros", mientras se desperdician recursos que podrían ser mejor utilizados para proteger a la nación de amenazas más serias. Rodríguez y otros activistas aseguran que el Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, según siglas en inglés) está fuera de control y que su director, John Morton, debiera ser despedido.

La inmigración es un asunto muy personal para los latinos. Entre los votantes hispanos registrados, 45 por ciento son ciudadanos naturalizados, 30 por ciento tiene padres inmigrantes y 11 por ciento tiene abuelos inmigrantes. En una encuesta emitida recientemente por Bendixen y Amandi, dos de cada tres votantes latinos registrados informaron tener un amigo, un familiar, un vecino o un compañero de trabajo indocumentado.

Si bien la inmigración no es la única preocupación política de los latinos, tiende a convocar y movilizar a la comunidad más que otros asuntos. Fue así el 21 de marzo cuando unas 200.000 personas marcharon en Washington para presionar en favor de una reforma migratoria integral.

"La inmigración es un tema de familia, es un tema crucial", afirmó en una entrevista Frank Sharry, director ejecutivo del grupo pro inmigrante America's Voice. "Es por eso que 200.000 personas acudieron [a esa marcha] pero no lo hicieron a favor de la reforma de la salud", agregó.

La falta de acción para enmendar la ley migratoria o la frustración por la forma como se hacen cumplir las leyes de inmigración no es que vaya a llevar a los latinos a unirse al Partido Republicano, ya que éste ha hecho poco para cambiar su reputación en contra de los inmigrantes. No obstante, tal vez sí los aleje de las urnas.

Según Latino Decisions, una firma de investigación especializada en el voto latino, de todos los grupos electorales claves en la victoria de Obama en 2008, "los votantes latinos parecen mostrar menos entusiasmo en torno a la votación de las elecciones legislativas de 2010". Este mes, Latino Decisions descubrió que sólo 49 por ciento de votantes hispanos registrados afirma que está muy entusiasmado de participar en los sufragios de noviembre; esto es, 18 puntos porcentuales por debajo de lo expresado en las elecciones legislativas pasadas de 2006.

Dicha indiferencia puede tener consecuencias significativas. Según encuestas a boca de urna, los latinos jugaron un papel crítico en la elección de Barack Obama como presidente. Cerca de 70 por ciento votó por él en 2008, dándole el margen de ventaja en cuatro estados cruciales: Colorado, Nuevo México, Nevada y Florida.

En 2010, este grupo podría jugar un papel mayor. Según Bendixen y Amandi, los latinos ocupan al menos una cuarta parte de casi uno de cada cinco distritos electorales del Congreso (79 en total, incluidos 54 con curules demócratas).

La población hispana no espera que una reforma legislativa amplia se logre rápidamente y entiende el difícil clima político en Washington. Pero la falta de progreso en inmigración continuará constándole el apoyo a los candidatos tanto demócratas como republicanos.

To publish Ms. Sanchez’s column, please contact the New York Times Syndicate:

Isabel Amorim Sicherle
in Sao Paulo
55-11-3812-5588
sicheia@nytimes.com

Ana Muñoz
in New York
212-556-5177
munoza@nytimes.com