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La lección dada por los países emergentes


Publication Date: 
9 April 2010

El Fondo Monetario Internacional lo cree. Alrededor del mundo, políticos, economistas y defensores del consumidor también lo piensan. Los líderes de Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña lo han dicho: la recuperación en curso de la peor crisis económica mundial en décadas podría frustrar esfuerzos para reformar el sistema financiero que generó el desastre.

El riesgo es claro. A medida que mejora la economía mundial, gobernantes y autoridades reguladoras podrían perder el sentido de urgencia necesario para aplicar nuevas reglas a la banca y, en especial, a aquellas instituciones que por su magnitud conviene mantener inmunes a las quiebras. Por esta razón, Stephen Harper, Lee Myung-Bak, Barack Obama, Nicolas Sarkozy y Gordon Brown escribieron una carta pública el mes pasado para reiterar su compromiso y urgir a los demás miembros del Grupo de los 20 (G-20) a que asuman el reto con toda seriedad.

Alcanzar reformas acordadas unánimemente en el ámbito internacional no será fácil. Desacuerdos substanciales sobre cuál será el mejor enfoque ya existen entre naciones industriales clave. Además, las actuales normas internacionales, reunidas en los acuerdos de Basilea I y II, tomaron años en formularse, pero demostraron ser ineficaces para prevenir la crisis.

Mientras tanto, la industria bancaria hace un gran esfuerzo para bloquear cambios que consideran inconvenientes. En Estados Unidos, la "industria tiene cuatro personas presionando por cada miembro de la Cámara y el Senado", afirmó recientemente Larry Summers, el principal consejero económico del presidente Obama.

No debiera sorprender que las economías que enfrentaron la tormenta con éxito relativo fueron aquellas con estatutos más estrictos que los establecidos por las regulaciones internacionales. Más significativo aún es que donde se aplicaron estas reglas más severas son, en general, naciones emergentes.

En Brasil e India, por ejemplo, los bancos deben mantener porcentajes de capital en reserva superiores al 8 por ciento establecido por los acuerdos de Basilea. También en Brasil, las autoridades reguladoras requieren mejor contabilidad, así como que cada cliente y transacción sean identificados.

Según Liliana Rojas-Suarez, experta en regulaciones financieras internacionales del Center for Global Development en Washington, los países emergentes "no están muy impresionados con Basilea".

Esta crisis global ha acelerado el surgimiento de nuevas potencias económicas y el descenso de otras. En septiembre pasado, el G-20, que incluye a 11 naciones emergentes, reemplazó al Grupo de los Siete como escenario oficial para coordinar una respuesta internacional a la crisis económica mundial. En enero de 2011, países en desarrollo deberán ostentar un mínimo de 5 por ciento de derecho a voto en el Fondo Monetario Internacional y 3 por ciento en el Banco Mundial, como parte de las reformas a la estructura de gobernabilidad internacional.

Eso significa que ahora, más que nunca, estas naciones deberán asumir mayor liderazgo en establecer nuevas normas. Por mucho que los firmantes de la carta del 30 de marzo se comprometen con dar un buen ejemplo, la mayoría no se ha destacado por ser los mejores abanderados de las reformas requeridas.

Sin embargo, no es claro cómo las naciones emergentes superarán un obstáculo obvio de legitimidad en este cambiante contexto mundial. Por ahora, las más grandes Brasil, Rusia, India y China- están decididas a asegurarle a la comunidad mundial que están listas y en capacidad de facilitar acercamientos, a pesar de su reputación como impugnadores de acuerdos de comercio internacional.

Reafirmar su legitimidad será uno de sus objetivos esenciales de las cuatro naciones, que representan 40 por ciento del producto interno bruto mundial, durante la cumbre que sostendrán en Brasilia entre el 15 y 16 de abril próximos. De acuerdo con Roberto Jaguaribe, subsecretario de Asuntos Políticos de la Cancillería brasileña y embajador jefe de Brasil en la cumbre, los BRIC -como se conoce a estos cuatro países- no tienen intención de antagonizar al mundo industrializado y entorpecer acuerdos internacionales.

"No tenemos interés en segregarnos de otros grupos ... y establecer nuestras propias reglas. Estamos tratando de cooperar dentro del formato multilateral para dar forma a las nuevas normas", afirmó en una entrevista.

Entre las propuestas consideradas por los países del G-20 se encuentran: requerir que los bancos mantengan mayores capitales de reserva, frenar altas bonificaciones que estimulan riesgos excesivos y establecer impuestos a la industria financiera para ayudar a cubrir el costo de rescates futuros.

Todo esto necesita coordinación internacional para ser efectivo. Alemania, recientemente, avanzó en su decisión de imponer un impuesto a la banca y afirmó que lo hará con o sin una norma internacional que lo requiera. Aunque es una decisión loable, sus críticos se preocupan, con razón, de que los bancos se trasladarán a naciones que no les exijan el pago de tributos.

No hay duda de que las regulaciones más estrictas que salvaron de la crisis financiera a Brasil y otros países emergentes fueron el legado de su historia financiera turbulenta. Pero, la esperanza es que, tal como demostraron ser capaces de aprender la lección, estas naciones puedan alentar a las economías más ricas a que también la aprendan.

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