You are hereGracias, Arizona

Gracias, Arizona


Publication Date: 
30 April 2010

De la misma manera como Birmingham, Alabama, se convirtió en el detonante de la legislación radical en defensa de los derechos civiles en 1964, Arizona está convirtiéndose en el epicentro de eventos que podrían forzar al Gobierno federal a arreglar su inoperante sistema de inmigración de una vez por todas.

Arizona ha estado incitando la acción federal por mucho tiempo, pero ahora con la promulgación de la norma SB1070 parece haber cruzado la raya. La ley le permitirá a las autoridades exigir una prueba de ingreso legal a Estados Unidos a cualquiera que sea sospechoso de haberlo hecho ilegalmente. Incluso, si no se ha cometido ningún crimen o infracción, la policía tendrá el derecho de detener a un individuo para solicitarle los documentos migratorios apropiados.

Los funcionarios en Arizona no están autorizando la discriminación racial, por supuesto; pero están demasiado cerca de hacerlo. ¿Bajo qué otras justificaciones -fuera de la raza, etnicidad o acento- podría la policía de este estado determinar quién debe ofrecer pruebas de su legalidad en el país?
"Vamos a parecernos a Alabama en los años sesenta", se lamentó el representante estatal y republicano moderado, Bill Konopnicki, en The New York Times.

Manifestantes tomaron las calles en protesta por la ley a pocas horas de haber sido promulgada y se planean más demostraciones a lo largo de la nación para el 1 de mayo. Líderes de las ciudades de Los µngeles y San Francisco han convocado a los gobiernos locales para que boicoteen aquellos bienes y servicios provenientes de Arizona y están alentando a empresas privadas para que hagan lo mismo.

Sin embargo, no se puede decir que los legisladores de Arizona no tengan defensores. De hecho, contrapartes en Texas y Ohio han expresado su intención de presentar propuestas similares en sus legislaturas.

No obstante, es en Arizona donde converge la atención. Glenn T. Eskew, profesor de historia de la Universidad Estatal de Georgia y autor del libro But for Birmingham: The Local and National Movements in the Civil Rights Struggle afirmó: "Para los críticos de la ley de inmigración, sus promotores les recuerdan a los defensores de la supremacía blanca durante los momentos más álgidos del movimiento por los derechos civiles".

En este momento, no es seguro que la ley en Arizona llegue a ser aplicada. Muchos esfuerzos se han iniciado para cuestionar su constitucionalidad, incluido uno por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Tampoco es seguro que el Congreso reaccione de forma inmediata, ni logre una reforma integral antes de las elecciones legislativas de noviembre. En los últimos cuatro años, el Parlamento ha fallado dos veces al intentar aprobar una reforma migratoria exhaustiva, a pesar de los esfuerzos considerables por parte de activistas y la presión de votantes hispanos, el segmento de la población estadounidense con más vertiginoso crecimiento.

El presidente Obama reconoció hace pocos días que tal vez no haya "apetito" en el Congreso para abordar el tema de manera inmediata. Después de una batalla en torno a la reforma de la salud y con mucho todavía por hacer en legislación energética, quizás la inmigración tenga que esperar. Hay, además, que sumar el hecho de que los republicanos han dicho que cooperarán para lograr una norma climática sólo si el tema migratorio se pospone.

De cualquier manera, el día en que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, firmó la ley, el Gobierno federal tomó nota y Obama advirtió: "Nuestro fracaso en actuar responsablemente sólo abrirá la puerta para la irresponsabilidad de otros". Cinco días más tarde, el 28 de abril, el líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, y los senadores Bob Menéndez y Charles Schumer circularon un borrador de un nuevo proyecto de ley de inmigración.

Tamar Jacoby, presidenta de ImmigrationWorks USA, una federación de empresarios que abogan por la reforma migratoria, quisiera creer que los eventos de Arizona llevarán a una reforma integral y justa. Pero teme que, en medio de las campañas políticas para la elecciones legislativas, los demócratas se apresurarán a presentar un proyecto que no haga ninguna concesión a los republicanos, lo que pondría en peligro la oportunidad de lograr una reforma seria quizás por años.

Sin embargo, las primeras versiones de prensa sobre el proyecto de Reid, Menéndez y Schumer hicieron que Jacoby se sintiera un poco optimista. "La clave está en los detalles, pero ... parece prometedoramente equilibrado", dijo en una entrevista. También esperanzadoras fueron las palabras de Obama cuando se le preguntó sobre las perspectivas de una reforma. En conversación con reporteros a bordo de Air Force One afirmó: "No quiero que hagamos algo por razones políticas y que no resuelva el problema".

Los eventos de Arizona han sacudido la conciencia, pero todavía no se llega al punto en que los políticos de todos los colores ya no puedan posponer más una respuesta a sus causas. Antes de los brutales sucesos contra manifestantes en Birmingham en 1963, recordó Glen T. Eskew en una entrevista, Robert Kennedy alertó que nadie en el Congreso discutía seriamente el "problema racial". Después de la violencia, sólo se hablaba de ello en el Parlamento.

Arizona no nos ha llevado exactamente hasta ese punto, pero al menos- nos ha puesto más cerca.

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