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Una mejor opción para la vejez


Publication Date: 
11 June 2010

Acabo de regresar de una prolongada visita a mis padres en Colombia. Su salud se ha deteriorado este último año y, al momento de mi llegada, mi padre estaba en el hospital con dificultades para respirar y luciendo extremadamente flaco. Tal como él mismo lo ve, en nueve meses pasó de sentirse de 60 años a tener 80.

Mi madre, entre tanto, está enfrentando sus propias dolencias causadas por la artritis, artrosis y una dosis insalubre de derrotismo y depresión. Su mente es todavía tan aguda y rápida como siempre, pero su cuerpo no está en capacidad de responder al mismo ritmo. Ahora no puede caminar más que unas pocas cuadras o abrir una botella de agua. "Te deseo que nunca llegues a vieja", me dijo reiteradamente durante mi visita.

Cada vez que pronunciaba la frase, me preguntaba cómo entenderla. ¿Acaso mis únicas opciones son morir pronto o descubrir la fuente de la eterna juventud? Era, en suma, otro de los anhelos de mi madre que no podría satisfacer.

Por una extraña coincidencia, mientras mis padres y yo nos obsesionábamos con sus enfermedades, obtuve una copia anticipada del nuevo documental To Age or Not to Age (Envejecer o no envejecer), del director de cine Robert Kane Pappas, que estrena el mes entrante en Nueva York.

La película cuenta la historia de biólogos moleculares que hace unas dos décadas comenzaron a explorar las causas presuntamente ineludibles de la vejez. Describe en particular el trabajo del profesor Lenny Guarente y los estudiantes en su laboratorio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Fue allí, en 1995, donde científicos descubrieron que el gen llamado SIR2 protege a las células de los daños ocurridos durante el proceso de envejecimiento. Uno de los estudiantes de Guarente, David A. Sinclair, encontró que el gen puede ser estimulado por ciertas drogas y, luego de una evaluación de miles de moléculas, que el activador más potente es resveratrol, una substancia natural que se encuentra comúnmente en el vino rojo.

En 2006, un estudio publicado en Nature reveló que la vida de ratones que habían consumido resveratrol en dosis muy altas se había extendido en un 10 a 20 por ciento. Su salud y resistencia física mejoraron, aún a pesar de tener una dieta alta en grasas. Desde entonces han hecho algunos ensayos clínicos en humanos e investigadores continúan trabajando en desarrollar una droga que pueda ser usada sin riesgo por las personas. (Aquellos dispuestos a automedicarse quedan advertidos: un individuo tendría que tomar más de 100 vasos de vino al día para tener los mismos resultados).

El hecho de que un solo gen pueda mejorar la salud y la esperanza de vida de un organismo en un laboratorio es "un cambio de paradigma en nuestro entendimiento de la vejez", según Sinclair, autor de la investigación difundida por Nature y ahora adscrito al Departamento de Patología de la Escuela de Medicina de Harvard.

"Antes de este descubrimiento", dijo Sinclair en una entrevista, "la opinión dominante era que se necesitarían miles de drogas diferentes" para detener el proceso de envejecimiento.

Con medicinas que se enfocan en los mecanismos que nos llevan a envejecer y se hacen cada vez más efectivas en reparar daños que llevan a enfermedades, ahora es posible concebir que la gente pueda vivir hasta los mil años, como lo afirma el genetista de la Universidad de Cambridge Aubrey de Grey en el documental de Pappas.

Aunque es muy seguro que estos hallazgos no le servirán a mis padres en forma tangible, o incluso a mi, no puedo dejar de imaginar cómo sería su vida con la droga que Sinclair espera desarrollar. ¿Sería mejor si vivieran mucho más de los 73 años, la expectativa de vida promedio en Colombia, y sin sus aflicciones actuales?

Físicamente, no hay duda que lo sería. El corazón de mi padre sería más fuerte y tendría más energía a lo largo del día. Si el medicamento pudiera detener los efectos de la artritis de mi madre, ella podría hacer mucho más de lo que hace hoy. Pero, ¿la droga aumentaría su deseo de vivir y disfrutar lo que tienen?

Me temo que estaremos estancados con ese tipo de dudas más tiempo de lo que le tomará a científicos extender la esperanza de vida. De cualquier manera, aun si pudiéramos utilizar avances científicos para desafiar a la naturaleza y lográramos vivir un poco más sanos, todos necesitaríamos algo que nos de ánimo para vivir; eso es así, incluso, si estamos libres de enfermedades.

Bajo mi punto de vista, es evidente que, siendo abuelos de mi niña y de los hijos de mi hermano, mis padres tienen mucho por qué vivir. Su experiencia en una era que se desvanece rápidamente es invalorable e irremplazable.

En sus buenos momentos, creo que lo ven así también. Pero no sucede siempre y yo no les puedo imponer mi modo de pensar. Tal vez eso es lo más frustrante para una hija: ver cuánto tienen todavía por dar, pero no encontrar la forma de convencerlos de ello.

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